Yo no como cualquier cosa

El otro día empecé un curso. No a darlo sino a recibirlo :) Resulta que llega la hora del receso, yo llegué muy correcta con mi lonchera donde llevaba mi propia merienda. La verdad que esto es algo tan cotidiano para mí que no noto cómo “se ve desde afuera”, por decirlo de alguna forma.

Yo tranquilamente procedí a sacar – y comer – cada una de las partes que conformaban dicho tiempo de comida, y por supuesto surgió el tema. Confieso que fui casi yo misma la que lo inició, un poco motivada por una latente incomodidad, al estar compartiendo con personas que no conocía ni están enteradas de mis hábitos alimentarios.

Una vez que yo hice “mi exposición” (por favor leer esto con tono jocoso sin sarcasmo), una persona dijo: “yo soy omnívoro, yo como de todo”. A partir de ahí, la conversación derivó en el significado social de la comida, y cómo en ciertas culturas – como las indígenas – el “rechazar” la comida ofrecida es prácticamente un insulto. Incluso, las personas compartieron experiencias propias y de ajenos, de cómo a pesar de saber que es una preparación que saben que no les gusta o les va a caer mal, de igual manera aceptan consumirla.

Todo el escenario y la discusión que se generó, me hizo reflexionar sobre el significado del alimento y el acto de comer: ¿comer es una obligación? ¿hay que comer por nutrición? ¿se come por placer o hay que comer con culpa? Y ahora, ¿qué representa que una persona no consuma uno o varios alimentos?, o ¿qué significa “comer de todo”?

La alimentación como estilo de vida, o más bien, que mi estilo de vida incluya la manera en la que llevo mi alimentación es, en mi caso particular, mi día a día por mi profesión y mi trabajo, pero también por la forma en la que me alimento. Para mí es algo muy orgánico: “yo no como cualquier cosa” y lo digo (así que por favor leerlo) en buena onda. Ahora, no me malinterpreten; yo les digo que yo no me meto con la alimentación de nadie a menos que me paguen para hacerlo; lo que quiere decir que no tengo el derecho a opinar – ni qué decir juzgar – las elecciones alimenticias de ninguna persona, a menos que me contrate como su nutricionista.

Pero me pasa – como en este escenario que les conté – que cometo el error de perder la noción de que no es el común, que no todas las personas le den el valor que el alimento, o el acto de alimentarse, merece. Existen culturas, filosofías y ahora propuestas en el campo de la medicina, que reconocen el valor del alimento en la salud integral del ser humano; esto quiere decir que no sólo es importante para la biología del cuerpo, sino que la salud emocional y hasta espiritual responden a lo que comemos.

Entonces cuando uno sabe, y como es mi caso, está absolutamente convencida de que el alimento es la medicina, hace que me sea “inconcebible” (así bien dramática) que una persona no comprenda el principio básico de la nutrición humana: todo empieza y termina con lo que comemos.

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