Sobre navidad, fin de año y otros placeres…

Este post lo quería dejar para final de año, pero de repente caigo en cuenta que en un mes exacto es Navidad. Y como esta es una época de celebraciones y fiesta, pero también de cierre de ciclos e integración de los aprendizajes del año, sólo quiero dejar una reflexión sobre la responsabilidad que tenemos sobre nuestra propia salud y bienestar, que traducido puede ser algo así como no voy a dejarme para después.  No escribo como la “nutri aguafiestas”, lo prometo.

Una de las principales inspiraciones para esto que quiero compartir, es el libro The Blue Zones, que considero una lectura obligatoria si uno quiere continuar motivándose para tener una vida de calidad, y no sólo a nivel físico. Dan Buettner, en su trabajo como miembro de National Geographic, describe una amplia evidencia que busca dar respuesta a la pregunta: ¿Qué hacen los grupos de personas que viven vidas largas y saludables de manera diferente al resto de nosotros?

En el capítulo sobre Okinawa, Buettner narra la historia de Kamada Nakazato, una mujer de 102 años que vive en la península de Motobu. Cuenta cómo es un día para ella, entre lo que hace y lo que come. De las cosas – a mi parecer – más hermosas que cuenta, es que antes de cada comida ella, así como todas las personas mayores, toman un momento para decir hara hachi bu, un mantra japonés que significa ‘coma hasta estar 80% lleno’. Aunque después de darse a conocer mundialmente la práctica, muchos la han presentado como una forma autoimpuesta de reducir calorías, la filosofía va más allá de simplemente comer menos para no ganar peso.

Es un acto de agradecimiento por el alimento, de reverencia hacia el acto de comer, y de honrar el tiempo a través del cual le estamos brindando a nuestro cuerpo los nutrientes que requiere. Esto sin considerar los aspectos culturales y sociales que desafortunadamente, los tiempos modernos nos los han arrebatado violentamente.

Continuando con el libro, en un punto Dan le pregunta a Kamada que cuál es el secreto para vivir hasta los 102 años, y ella responde “comer vegetales, tener una perspectiva positiva, ser amable con los demás, y sonreír”. El autor cuenta que al despedirse “se le ocurrió que estaba abrazando un siglo de vida, y había algo en ese conocimiento que inspiraba un profundo afecto y respeto”.

Podría detenerme aquí y hablar de las teorías que tienen los investigadores sobre la longevidad de estas personas centenarias, y las características nutricionales de su alimentación, como por ejemplo el consumo de soya por su contenido de fitoestrógenos y proteína. Pero más allá de la nutrición, que como ya les he compartido mi posición: es el principio de todo (y no sólo a nivel biológico); una de las principales teorías que destacan los mismos investigadores en este capítulo, es ikigai o lo que traducen como la razón para despertar cada mañana. En el libro, uno de los investigadores indica que una repentina pérdida del rol tradicional de la persona puede tener un efecto medible en la mortalidad, y que Kamada permanece funcional porque se siente necesitada.

Traigo todo esto porque a veces es fácil perder un poco la perspectiva sobre la salud: qué aspectos involucra, cuál es la relación entre esos aspectos, quién es responsable y qué hay que hacer para lograrla. Y no es como para apuntar a vivir más de 100 años, pero sí para pensar sobre cómo queremos que sean los años que vamos a vivir.  El cuerpo es nuestro móvil, y es prácticamente nuestra primera posesión material – por decirlo de alguna forma -, así que deberíamos tener el mismo ‘principio de cuidado’ que le damos a cualquier otra (como el carro, el celular, la casa).

Son las pequeñas acciones que llevan a grandes estrategias para mejorar los hábitos y por lo tanto, el estilo de vida. Lo que comemos (cómo comemos), lo que pensamos, lo que sentimos, lo que agradecemos; todo es información con la que estamos alimentando nuestro cuerpo. A veces solamente el sonreír nos cambia químicamente y eso automáticamente mejora nuestra salud.

En fin, con todo esto lo que quiero decir es que lo que hacemos en la vida es una decisión, y eso incluye claramente la salud y la calidad de vida. Disfrutemos con conciencia, démonos los placeres considerando siempre que lo que hacemos nos lo hacemos a nosotros mismos, así que a ser mindful (como dirían los gringos). Nuestro propósito o ikigai requiere la mejor – más sana – versión de nosotros mismos. No nos dejemos para después.

 

Imagen: Javi_indy / Freepik

2 pensamientos en “Sobre navidad, fin de año y otros placeres…

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